Insectos de aguas profundas: cómo sobreviven las larvas de Chaoborus a 1.213 pies bajo el agua

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Los insectos odian el océano.

No es sólo una preferencia. Es biología. La teoría predominante durante siglos ha sido simple: la presión del agua los aplasta. En el fondo, la presión llena de líquido sus diminutos tubos respiratorios. Se derrumban. Se acabó el juego.

A menos que seas una larva de Chaoborus edulis.

A estos mosquitos, conocidos localmente en el este de África como moscas de los lagos, no les importa la física. Miles de millones de ellos viven en el lago Malawi. Se sumergen. Profundo.

Pasan sus horas de luz a más de 656 pies (200 metros) bajo la superficie. Por la noche nadan para comer. Luego retroceda.

Desafía las viejas reglas.

¿Por qué los insectos no viven en las profundidades del océano?

Solíamos pensar que la presión era la barrera. La lógica se mantuvo firme. Los sacos aéreos se comprimen. Los pulmones fallan. Implosión.

Pero Philip Matthews, de la Universidad de Columbia Británica, miró más de cerca.

“El gas dentro de un saco de aire no está presionado… Esto plantea la pregunta: ¿a qué profundidad pueden sumergirse estos insectos antes de que sus secreciones no puedan expandirse contra la presión?”

Matthews y su equipo querían saber dónde estaba el punto de ruptura. Rastrearon las larvas en el lago Malawi mediante un sonar. Los vieron sumergirse. Luego los metieron en cámaras de presión.

Aumentaron el apretón.

Cómo las larvas del mosquito Chaoborus controlan la flotabilidad

El truco no es el músculo. Es química.

Dentro de las larvas del mosquito Chaoborus, se encuentran dos pares de sacos de aire. Estos no son caparazones rígidos. Son flexibles. Las paredes están revestidas de resilin.

Resilin suena pasivo. A menudo se le llama el caucho del mundo de los insectos. Flexible. Durable. Pero aquí está activo.

Las larvas cambian el nivel de pH de las paredes del saco. ¿Ácido? ¿Básico? Cambia el volumen. El saco se hincha o se encoge. Es un sistema “quimiomecánico” distinto.

Piense en ello como un fuelle biológico.

“Al regular el pH de las paredes de los sacos de aire, hacen que se expandan”, dice Matthews a Popular Science.

Esto permite a las larvas controlar su flotación. Se hunden. Se levantan. No se necesitan aletas.

¿Pueden los sacos de aire de los insectos soportar la presión de las profundidades marinas?

Aquí es donde los números se vuelven extraños.

Las larvas se sumergen regularmente 656 pies. ¿Pero cuál es el límite?

Los investigadores lo probaron. Los presionaron a profundidades equivalentes a más de 1213 pies (400 metros).

No se rompieron.

Los sacos aéreos aguantaron. La resilina no falló. Las larvas sobrevivieron a presiones mucho más profundas de lo que requiere su rutina diaria.

Esto lo cambia todo.

¿Qué factores mantienen a los insectos fuera del agua abierta?

Si la presión no es el problema, ¿cuál es?

El estudio sugiere que la vieja excusa está muerta. Los insectos pueden soportar el aplastamiento. Sus cuerpos están hechos para ello.

Entonces, ¿por qué no hay mosquitos en el Atlántico?

La respuesta podría estar en otra parte. ¿Salinidad? ¿Alimento? ¿Depredadores? No lo sabemos todavía. Pero la barrera física ha desaparecido.

Sin embargo, hay más.

Evan McKenzie, estudiante de doctorado y coautor, ve algo completamente distinto. No sólo ve un error. Él ve ingeniería.

“Resilin… genera fuerza propia… cambiando la forma y el volumen”, dice McKenzie.

No se trata sólo de errores. Se trata de materiales.

Los científicos ahora pueden considerar la resilina como una sustancia dinámica. Uno que se transforma en función de cambios químicos. Robótica blanda. Dispositivos médicos. Sensores.

El insecto sobrevive en las profundidades. El material podría sobrevivir a nuestras fábricas.

Pensábamos que sabíamos por qué los insectos evitan el océano. Estábamos equivocados. O al menos, no entendíamos el punto. La presión no los mata.

Los hace flexibles.

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