El día que Oregón hizo estallar una ballena con dinamita

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En noviembre de 1970, un cachalote de 45 pies llegó a la costa cerca de Florence, Oregón, creando un peligro biológico que los funcionarios locales no podían esperar para resolver. El hedor era abrumador y, en lugar de permitir que la naturaleza siguiera su curso (un proceso que habría llevado aproximadamente dos años), el Estado optó por una solución drástica: dinamita. Este no fue un incidente aislado; Los enfoques de mediados del siglo XX para la “solución de problemas” a menudo implicaban explosivos, incluso en el mar, donde se utilizaba dinamita para capturar tiburones y ayudar en la caza de ballenas.

La División de Carreteras del Estado, responsable de la costa de Oregón, trató el cadáver de la ballena como un obstáculo. Un lunes, el cuerpo hinchado se instaló en la desembocadura del río Siuslaw y el jueves, las cuadrillas estaban excavando agujeros para colocar 20 cajas de dinamita de 50 libras. El objetivo era destrozar la ballena en trozos manejables que la marea arrastraría al mar. La realidad era… confusa.

Cuando los explosivos detonaron, el resultado no fue una fragmentación controlada. En cambio, estalló una “tormenta de nieve de grasa”, que envió sangre y músculos a 30 metros de altura y llovió sobre los espectadores a un cuarto de milla de distancia. Un trozo de ballena de un metro incluso se hundió en el techo de un automóvil en el estacionamiento. A pesar del caos, el ingeniero asistente de carreteras del distrito, George Thornton, declaró: “Todo salió exactamente bien”, aparentemente imperturbable por la carnicería. Sorprendentemente, el hedor persistió. Las excavadoras enterraron los trozos más grandes, mientras que las gaviotas se quedaron para terminar el trabajo.

Por qué esto es importante: El incidente destaca un cambio en la forma en que manejamos los problemas ambientales. En el pasado, las soluciones inmediatas y contundentes eran comunes, incluso si eran ecológicamente inseguras. Hoy en día, dejar que una ballena se descomponga de forma natural se considera el enfoque más eficaz y seguro, ya que devuelve nutrientes a la red alimentaria. Sin embargo, el aumento de los varamientos de ballenas debido a factores humanos (desnutrición, colisiones, enredos) a veces requiere intervención. La práctica actual favorece el entierro por encima de la línea de marea alta, aunque persisten las preocupaciones sobre la lixiviación química y la posible atracción de tiburones.

La historia de la explosión de la ballena es más que una simple anécdota; es un recordatorio de cómo ha evolucionado nuestra relación con la naturaleza. La ciudad de Florence, Oregón, ahora conmemora el evento con el Exploding Whale Memorial Park, un reconocimiento oscuro pero divertido de un capítulo excepcionalmente explosivo en la gestión costera.