Durante casi dos siglos, la tortuga gigante Floreana (Chelonoidis niger niger ) se creyó extinta. Una subespecie única de la tortuga de Galápagos, desapareció de la isla Floreana a principios del siglo XIX debido a la caza de marineros y piratas, además de la introducción de especies invasoras. Sin embargo, un descubrimiento notable en el año 2000 reveló la supervivencia de la especie, no en Floreana, sino a 70 millas de distancia, en la isla Isabela.
Los científicos encontraron allí tortugas con caparazones distintivos en forma de silla de montar que coincidían con las descripciones de la variedad perdida Floreana. Las pruebas genéticas confirmaron que estos animales eran híbridos, descendientes de tortugas Floreana llevadas a bordo de barcos como alimento y luego abandonadas. Esta reubicación accidental proporcionó un salvavidas para el material genético de la especie.
Un programa de cría en cautividad y un retorno histórico
La semana pasada, 158 tortugas criadas en un programa exclusivo en cautiverio fueron liberadas en la isla Floreana, lo que marcó la primera vez en casi 200 años que tortugas de ascendencia Floreana vagaron por la tierra. El programa de reproducción, dirigido por James Gibbs de Galápagos Conservancy, emparejó individuos de la isla Isabela basándose en pruebas genéticas para maximizar el linaje Floreana en su descendencia. Si bien no son réplicas exactas de las tortugas originales, estos animales portan rastros significativos del ADN original.
“Ver a las tortugas pisar Floreana y comenzar a explorar fue increíblemente conmovedor. Se sintió como el final de un esfuerzo de 26 años pero, al mismo tiempo, un comienzo”, dice Gibbs.
Por qué esto es importante: especies clave y restauración de ecosistemas
El regreso de estas tortugas no es sólo una victoria simbólica. La tortuga de Galápagos es una especie clave, lo que significa que su presencia tiene un impacto desproporcionadamente grande en el medio ambiente. Estas tortugas actúan como dispersoras de semillas y contribuyen a la regeneración de los bosques. Se espera que su reintroducción acerque la isla Floreana a su estado ecológico original.
Rick Hudson, presidente emérito de Turtle Survival Alliance, señala éxitos similares: “Cada vez que se puede devolver a un ‘ingeniero de ecosistemas’, como las tortugas gigantes, a un entorno donde alguna vez deambularon, esperamos que sucedan cosas buenas”. La reintroducción de la tortuga de Aldabra en Mauricio, por ejemplo, provocó la recuperación de plantas nativas y la disminución de especies invasoras.
El regreso de la tortuga Floreana es una poderosa demostración de que incluso las pérdidas aparentemente irreversibles pueden deshacerse. Los ecosistemas de la isla, moldeados por millones de años de evolución, ahora tienen una segunda oportunidad, y los procesos biológicos que alguna vez definieron a Floreana están comenzando a revivir. Este es un testimonio del poder de la conservación y la inesperada resiliencia de la naturaleza.

















