A los humanos universalmente no les gustan las arañas, pero un nuevo estudio de la Universidad de Nebraska-Lincoln revela con qué fuerza evitamos siquiera mirarlas. Los investigadores descubrieron que las personas eligen activamente observar casi cualquier otra cosa, incluidos otros arácnidos e insectos, en lugar de centrarse en las arañas. No se trata sólo de miedo; es un mecanismo de evitación visual profundamente arraigado.
El experimento: miradas de araña forzadas
Casi 120 participantes fueron sometidos a imágenes de arañas, escorpiones, mariposas y otros artrópodos uno al lado del otro. La tecnología de seguimiento ocular registró exactamente dónde se dirigió su mirada, cuánto tiempo permaneció y con qué frecuencia volvió a las imágenes. El estudio no trataba de probar fobias; se trataba de cuantificar la aversión cruda e instintiva a las arañas. Los participantes también completaron una encuesta para medir sus actitudes generales hacia las arañas.
Hallazgos clave: Las arañas son ignoradas
Los datos eran claros: la gente pasaba mucho menos tiempo mirando a las arañas en comparación con otras criaturas. Las cuatro métricas utilizadas (tiempo de permanencia, tiempo de primera fijación, tiempo de permanencia de la primera ejecución y recuento de ejecuciones) mostraron un patrón consistente de evitación.
“Los hallazgos sugieren una evitación general de las imágenes de arañas en presencia de otras imágenes de artrópodos que no son arañas… En todas las métricas, hubo una tendencia a registrar tiempos de primera fijación más prolongados, tiempos de permanencia más cortos y menores recuentos de corridas hacia las imágenes de arañas”.
Esto sugiere que la aversión no es sólo emocional; está integrado en la forma en que nuestro cerebro procesa la información visual.
Las arañas sin pelo son un poco mejores
Curiosamente, el estudio también encontró que las arañas sin pelo recibieron más atención que sus contrapartes peludas. Esto concuerda con investigaciones anteriores que sugieren que ciertas características de las arañas desencadenan respuestas de disgusto más fuertes. La implicación es que las señales visuales asociadas con el “escalofrío” impulsan la evitación.
El giro inesperado: buscando pistas
Los investigadores se sorprendieron al ver que los participantes a menudo buscaban detalles que sugirieran la presencia de múltiples arañas, incluso si solo una era visible. Esto sugiere una mayor vigilancia ante amenazas potenciales, como si nuestro cerebro asumiera instintivamente que más arañas significan más peligro.
Arañas saltarinas Consigue un pase (a veces)
Algunas especies recibieron un poco más de tolerancia. Las arañas saltadoras más pequeñas, especialmente aquellas con ojos grandes parecidos a los humanos o de colores brillantes, generaron menos aversión. Esto probablemente se debe a nuestra tendencia a antropomorfizar a los animales con características que se parecen a las nuestras.
“Cuando las imágenes de arañas son la única opción a la que prestar atención, parece haber un mayor sesgo hacia los arácnidos más parecidos a los humanos”.
Por qué esto importa: más allá del disgusto
Este estudio no se trata sólo de confirmar que a la gente no le gustan las arañas. Los hallazgos tienen implicaciones en el mundo real para la comunicación científica, la conservación y el tratamiento de las fobias. Al comprender qué rasgos de las arañas provocan la evitación, los investigadores pueden desarrollar estrategias para mejorar la interacción del público con los arácnidos, promover los esfuerzos de conservación y diseñar terapias de exposición más efectivas para la aracnofobia. Esta investigación destaca que incluso en un entorno controlado, el instinto humano de evitar las arañas es abrumadoramente dominante.

















