Un descubrimiento reciente en Marruecos puede reescribir nuestra comprensión de la evolución humana, señalando un posible último ancestro común de los humanos modernos, los neandertales y los denisovanos. Los fósiles, que incluyen mandíbulas, un hueso de una pierna, vértebras y dientes, fueron excavados en la cueva Grotte à Hominidés durante décadas y ahora datan de hace aproximadamente 773.000 años.
El significado del hallazgo
Esta datación es fundamental porque sitúa los fósiles directamente dentro del marco temporal del último ancestro compartido del Homo sapiens, los neandertales y los denisovanos. Si bien teorías anteriores postulaban un origen europeo para este ancestro (como los fósiles de Homo antecessor encontrados en España), los especímenes marroquíes exhiben una combinación única de rasgos primitivos y avanzados.
Según Abderrahim Mohib, coautor de la investigación, “podemos decir que la ascendencia compartida entre estas tres especies se encuentra quizás en la Grotte à Hominidés de Casablanca”. Esto sugiere que el norte de África jugó un papel más central en la evolución humana de lo que se pensaba anteriormente.
Cómo se logró la cita
Determinar la edad de los fósiles no fue sencillo. El equipo de investigación utilizó una técnica llamada magnetoestratigrafía, que se basa en el hecho de que el campo magnético de la Tierra cambia periódicamente. Al analizar los minerales ricos en hierro dentro del sedimento que rodea los huesos, relacionaron los fósiles con una inversión magnética conocida que ocurrió hace 773.000 años.
La historia de la cueva y el contexto fósil
La cueva Grotte à Hominidés se encuentra dentro de una cantera, y la primera mandíbula se descubrió ya en 1969. En 2008 y 2009 se produjeron hallazgos adicionales, incluidas vértebras y otra mandíbula. En particular, los fósiles se encontraron mezclados con restos de animales, incluida evidencia de que depredadores como las hienas hurgaban en la basura: el hueso de una pierna incluso tiene marcas de dientes. Esto sugiere que la cueva sirvió como guarida para grandes carnívoros, lo que puede haber contribuido a la acumulación de fósiles.
¿Qué hace que estos fósiles sean diferentes?
Los fósiles marroquíes no sólo son viejos; son un mosaico de rasgos. Combinan características que recuerdan a los homínidos africanos más antiguos, como el Homo erectus, con características observadas en especímenes africanos y euroasiáticos posteriores. Esta morfología “intermedia” sugiere una especie de transición, que potencialmente representa un paso crucial en la divergencia del árbol genealógico humano. Los fósiles son más complejos que los fósiles de Homo antecessor propuestos anteriormente en España, y muestran una mayor mezcla de características ancestrales y modernas.
“Muestran una combinación de rasgos primitivos y más avanzados, lo que indica poblaciones humanas cercanas a esta fase de divergencia”, explica Mohib. “Confirman así la profunda antigüedad de las raíces africanas de nuestra especie y resaltan el papel clave del norte de África en las principales etapas de la evolución humana”.
Este descubrimiento refuerza la idea de que la evolución humana no fue una progresión lineal sino un proceso complejo de ramificación. Subraya la importancia de continuar la exploración de fósiles en África, que puede contener más pistas sobre los orígenes de nuestra especie. Los fósiles marroquíes sirven como un poderoso recordatorio de que nuestra historia evolutiva está lejos de estar completa.

















