El tablero de ajedrez automático logra jaque mate con automatización de bricolaje

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Casi tres décadas después de que una computadora derrotara por primera vez a un actual campeón mundial de ajedrez, el juego está entrando en una nueva fase de automatización. Joshua Stanley Robotics, un creador en línea y YouTuber, ha construido un tablero de ajedrez automático y completamente funcional que no solo comprende los movimientos humanos sino que también ejecuta los suyos propios y gana.

El auge del ajedrez automatizado

La histórica derrota de Garry Kasparov en 1997 a manos de Deep Blue de IBM marcó el comienzo de una tendencia. Los motores de ajedrez modernos son ahora tan avanzados que incluso los grandes maestros luchan contra ellos en los teléfonos inteligentes. Sin embargo, todos estos avances todavía dependen de que un humano mueva físicamente las piezas. Eso está cambiando, y aficionados como Stanley impulsan la innovación en la automatización física. Este cambio pone de relieve la integración continua de la IA en aplicaciones del mundo real, yendo más allá de las simulaciones digitales.

Cómo funciona: imanes y motores

El diseño de Stanley aprovecha los imanes incrustados en piezas de ajedrez personalizadas impresas en 3D. Una placa de circuito impreso (PCB) debajo de la placa contiene sensores magnéticos que detectan cuando se mueve una pieza. Para mover sus propias piezas, un electroimán guiado por un mecanismo motorizado tira de las piezas magnetizadas por el tablero. Este método simple pero efectivo evita la complejidad de los brazos robóticos, que Stanley exploró inicialmente pero que no encontró confiables.

El “cerebro” de la operación es Stockfish, un motor de ajedrez de código abierto ampliamente utilizado. Stanley integró este motor a través de un script Python, traduciendo movimientos físicos en entradas digitales y viceversa. El sistema puede ajustar su dificultad, permitiendo a Stanley (que admite no ser un experto en ajedrez) asegurarse de perder constantemente.

Limitaciones y alternativas comerciales

Si bien es funcional, la placa tiene limitaciones. Los movimientos del caballo, que requieren pasar por encima de otras piezas, pueden provocar colisiones. Las piezas capturadas deben retirarse manualmente. A pesar de estos inconvenientes, Stanley considera que el proyecto fue un éxito y destaca el “suspense” creado por el movimiento oculto y el zumbido del motor.

Existen varias alternativas comerciales. El Miko-Chess Grand, por ejemplo, se vende por 497 dólares y utiliza un sistema magnético similar en un diseño de madera pulida. El tablero de ajedrez Phantom puede incluso conectarse a plataformas en línea como Chess.com, lo que permite jugar físicamente contra oponentes humanos remotos.

Del desafío a la oportunidad de aprendizaje

El proyecto de Stanley se destaca como una demostración de ingeniería de bricolaje. El objetivo principal no era la viabilidad comercial sino la exploración técnica. El propio Stanley señala que la compilación fue una excusa para aprender a codificar en Python, agregando un valioso conjunto de habilidades a su repertorio.

“En general, estoy muy satisfecho con el resultado de este proyecto… Me dio una buena excusa para empezar a aprender a codificar en Python, lo cual fue un objetivo adicional para mí”.

El tablero de ajedrez que se juega solo demuestra la creciente accesibilidad de la automatización impulsada por la IA. Al combinar software de código abierto con hardware de bricolaje, proyectos como el de Stanley están superando los límites de lo que es posible fuera de los procesos de ingeniería tradicionales.

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