Controversia sobre el glifosato: riesgos para la salud, divisiones políticas e incertidumbre científica

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El herbicida más utilizado en el mundo, el glifosato, conocido por los consumidores como Roundup, está en el centro de un creciente debate. Una reciente orden ejecutiva del presidente Trump para aumentar la producción de glifosato ha fracturado el movimiento “Make America Healthy Again” (MAHA), enfrentando a figuras como Robert F. Kennedy, Jr., con voces emergentes preocupadas por su toxicidad. Esta disputa no es nueva, pero la dimensión política subraya por qué esto es importante: el glifosato no es sólo una sustancia química; es un sustituto en batallas más grandes sobre la seguridad alimentaria, la influencia corporativa y la salud pública.

La ciencia detrás del debate

El glifosato actúa inhibiendo la producción de aminoácidos en las plantas, matando eficazmente las malas hierbas y dejando ilesos los cultivos genéticamente modificados. Su uso generalizado significa que la exposición humana es generalizada: a través de los alimentos (particularmente cereales y legumbres), la inhalación e incluso el contacto con la piel. Bayer, que adquirió Monsanto (el fabricante original), enfrenta más de 200.000 demandas que alegan daños relacionados con el glifosato, incluido un caso histórico pendiente de revisión por parte de la Corte Suprema. La compañía recientemente resolvió una demanda colectiva por $ 7,250 millones, reconociendo que no había cometido ningún delito, pero resolviendo reclamos de que la exposición al glifosato puede contribuir al linfoma no Hodgkin.

Evaluaciones de salud contradictorias

El núcleo de la controversia reside en evaluaciones científicas contradictorias. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) de la Organización Mundial de la Salud clasificó el glifosato como “probablemente cancerígeno” en 2015. Sin embargo, la Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. (EPA) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura sostienen que probablemente no sea cancerígeno, según sus propias revisiones. Esta división no se trata sólo de datos; se trata de cómo se interpretan los datos.

Investigaciones recientes complican aún más las cosas. Un estudio de 2018 no encontró ningún vínculo entre la exposición al glifosato y el linfoma no Hodgkin en trabajadores agrícolas. Sin embargo, un metanálisis de 2019 concluyó que existía un “vínculo convincente” entre la exposición y el cáncer, centrándose en los grupos con los niveles más altos de exposición. Incluso dentro de la comunidad científica, la ponderación de los diferentes estudios varía, lo que lleva a conclusiones divergentes.

Más allá del cáncer: otros riesgos potenciales

El debate se extiende más allá del cáncer. Los efectos del glifosato en otras especies también están bajo escrutinio, y los estudios sugieren daños a las abejas, las plantas, las aves y los mamíferos. La propia EPA reconoce posibles efectos dañinos. Para complicar aún más las cosas, algunas investigaciones se han retractado debido a preocupaciones éticas, como un estudio respaldado por Monsanto en 2000 que concluyó que el glifosato no era cancerígeno.

Los desafíos del estudio a largo plazo

Es difícil establecer vínculos definitivos entre la exposición al glifosato y los efectos sobre la salud. El herbicida tiene una vida media corta en el cuerpo, lo que dificulta las evaluaciones a largo plazo. Los estudios actuales a menudo se basan en instantáneas en el tiempo (como muestras de orina) en lugar de un seguimiento prolongado de la exposición. Los estudios exhaustivos y a largo plazo son costosos y logísticamente complejos.

Se necesitan investigaciones futuras

Los expertos enfatizan que es crucial realizar más investigaciones, particularmente en poblaciones vulnerables como mujeres embarazadas y fetos, y sobre el impacto potencial del glifosato en la fertilidad. Dado su uso generalizado, incluso un efecto pequeño podría tener importantes consecuencias para la salud pública. Como lo expresó un investigador: “Apenas estamos comenzando a estudiar el glifosato, pero es absolutamente necesario estudiarlo”.

El debate sobre el glifosato está lejos de estar resuelto. La ciencia contradictoria, las presiones políticas y las dificultades inherentes a los estudios de exposición a largo plazo significan que la incertidumbre permanecerá en el futuro previsible.

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