Las antiguas uvas de vino no han cambiado en milenios

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El análisis arqueológico de ADN muestra que algunas variedades de uva, incluida la Pinot Noir, se han mantenido genéticamente consistentes durante al menos 500 años, e incluso más en algunos casos. Los hallazgos, publicados en Nature Communications, remodelan nuestra comprensión de la historia de la elaboración del vino y la sorprendente estabilidad de ciertos linajes de vid.

La persistencia del Pinot Noir

Los investigadores analizaron 54 semillas de uva antiguas de sitios arqueológicos de Francia e Ibiza, que datan del 2000 a. C. al período medieval tardío (hace unos 500 años). El estudio reveló que algunas variedades de uva se han mantenido prácticamente sin cambios durante siglos. Una muestra de Valenciennes, en el norte de Francia, resultó genéticamente idéntica al Pinot Noir moderno, lo que significa que los bebedores de vino de hoy disfrutan de la misma variedad que los del siglo XV o XVI.

Comercio temprano y propagación vegetativa

Los autores del estudio, dirigidos por el antropólogo Ludovic Orlando de la Universidad de Toulouse, encontraron evidencia de que se utilizaban vides tanto silvestres como domesticadas hace entre 2.800 y 2.400 años. Fundamentalmente, el equipo identificó clones genéticamente idénticos en diferentes períodos de tiempo. Esto sugiere que los antiguos enólogos dependían en gran medida de la propagación vegetativa (cultivando nuevas plantas a partir de esquejes en lugar de semillas) para preservar los rasgos deseables.

Este método permitió a las comunidades comerciar variedades de uva a través de grandes distancias, a veces cientos de kilómetros, ya en la Edad del Hierro (624–400 a. C.).

¿Por qué Francia?

La elección de Francia como punto focal de esta investigación no fue arbitraria. La larga historia vitivinícola del país y su posición como centro comercial clave en el Mediterráneo lo hacen ideal para rastrear el desarrollo de la genética de la vid. El estudio destaca cómo la región ha sido fundamental para la evolución de las prácticas vitivinícolas modernas.

Implicaciones para la viticultura moderna

Los hallazgos demuestran la notable longevidad de ciertos linajes de vid y su papel en la configuración de la producción de vino contemporánea. El hecho de que algunas variedades hayan persistido durante siglos subraya la eficacia de la propagación vegetativa para preservar la coherencia genética. Esto desafía la noción de que todas las uvas para vino están en constante evolución mediante selección natural.

En esencia, este estudio revela que algunos vinos no sólo se han elaborado de la misma manera durante siglos, sino que las mismas uvas son un vínculo vivo con el pasado. La consistencia de estas líneas antiguas sugiere que ciertos sabores y características se han mantenido deliberadamente mediante la intervención humana durante milenios.