¿Un Atlántico tranquilo? No te pongas cómodo. El Pacífico está enojado

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Por debajo de lo normal. Esa es la palabra en la calle. Al menos, para el Atlántico.

Neil Jacobs, de la NOAA, abandonó el pronóstico el jueves, pintando el panorama de una temporada sorprendentemente aburrida. En total, hay de ocho a 14 tormentas con nombre. Sólo uno de tres de ellos se convierten en huracanes importantes, de categoría 3 o superior, del tipo con vientos que superan las 110 millas por hora. ¿Las probabilidades? 55% para un año tranquilo, 35% de promedio y solo un 10% de posibilidades de que veamos caos.

Pero espera.

Escuche a Ken Graham del Servicio Meteorológico Nacional. No estaba sonriendo. “No dejes que palabras como ‘abajo’ cambien tu forma de prepararte”, advirtió. Tiene razón, obviamente. Un recuento promedio no significa nada si esas pocas tormentas deciden apuntar directamente a tu cocina. Dos huracanes podrían azotar su estado. Dos categoría 5. A las matemáticas no les importa dónde cae el alfiler. Solo te pregunta si tienes un plan.

“Tenemos que estar preparados. Incluso si hay dos tormentas, serán grandes”.

¿Por qué la tranquilidad en el Atlántico?

El Niño vuelve a estar presente.

Es esa peculiaridad climática cíclica la que altera los patrones de viento a nivel mundial. Específicamente, trae cizalladura vertical del viento al Atlántico: fuertes vientos en lo alto de la atmósfera que cortan las tormentas en desarrollo. Los corta antes de que se fortalezcan. Es una ingeniería meteorológica brutal, natural o no, pero eficaz para suprimirla.

El Pacífico no se rige por las mismas reglas.

El Niño reduce esa cizalladura ahí fuera. Hace que el aire sea suave. Perfecto para que las tormentas se vuelvan gordas y malas. La NOAA ve un 70% de posibilidades de actividad superior a lo normal en el Pacífico central y oriental. Estamos hablando de 15 a 22 nombres en el este. De cinco a nueve huracanes importantes.

¿De qué lado del mapa vives?

Y no crea que esto es algo normal. Aquí hay un motor más profundo: el cambio climático. El agua está más caliente. Siempre más caliente. Ese calor alimenta la intensidad. Un estudio de 2024 ya señaló que el cambio climático aumentó la velocidad del viento en todos los ámbitos, ayudando a empujar a bestias como Milton y Beryl al estado de Categoría 5.

¿La última vez que tuvimos un pronóstico “por debajo de lo normal”? 2015.

La historia sugiere que no deberíamos relajarnos. Los pronósticos son sólo probabilidades, no garantías. Las tormentas no leen el memorándum. Simplemente se mueven.

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