La industria de la moda se enfrenta a una creciente crisis medioambiental. Si bien el elevado consumo de agua en la fabricación textil y las preocupaciones éticas del cuero animal están bien documentadas, el calzado presenta un desafío particularmente difícil. Actualmente, se estima que el 95 por ciento de todos los zapatos terminan en vertederos, donde la combinación de caucho, plástico y espuma sintética puede tardar siglos en descomponerse.
En un intento por romper este ciclo de desperdicio, investigadores de la Vrije Universiteit Brussel (VUB) de Bélgica han presentado un prototipo innovador: la primera bota del mundo fabricada íntegramente con micelio.
La inteligencia bajo nuestros pies
Para comprender esta innovación, hay que mirar debajo del hongo visible. Si bien los hongos son la parte más reconocible de un hongo, son simplemente la “fruta”. El verdadero motor del organismo es el micelio, una vasta red subterránea de redes fibrosas.
Estas redes son tan sofisticadas que los micólogos a menudo las describen como una forma de inteligencia biológica, ya que transportan datos vitales sobre la salud del suelo, la luz solar y la humedad entre organismos. Hoy en día, esta “Internet biológica” se está explorando para usos que van desde la informática orgánica hasta el saneamiento sostenible. Ahora, los científicos están demostrando que también se puede utilizar para diseñar bienes de consumo funcionales.
Superar el obstáculo de la ingeniería
Los intentos anteriores de crear una “moda hongo” se han centrado en gran medida en el uso de hongos como sustituto del cuero a nivel de superficie. Sin embargo, crear un zapato completo y funcional requiere algo más que una simple cubierta suave; requiere integridad estructural y soporte.
El equipo de la VUB, en colaboración con la zapatera Marie De Ryck de la ópera La Monnaie/De Munt, pasó dos años superando las limitaciones técnicas del material. El principal desafío fue la dimensionalidad. Si bien el micelio crece fácilmente en láminas planas, transformarlo en una suela tridimensional que brinde soporte resultó difícil.
La solución implicó un enfoque de hongos duales:
– Tipo 1: Una cepa específica diseñada para crear un material maleable similar a la espuma para la suela.
– Tipo 2: Una cepa diferente utilizada para crear el material coriáceo y duradero para la sección superior de la bota.
Un hito conceptual
Si bien este prototipo es una pieza conceptual más que un producto de mercado masivo, su importancia radica en lo que demuestra que es posible.
“Refleja cómo cultivamos y transformamos este material a partir de un microorganismo en una forma funcional tridimensional”, explica el diseñador de la VUB, Lars Dittrich.
El proyecto demuestra que estamos superando la etapa de meras “alternativas” y avanzando hacia un futuro en el que los productos se cultivan desde cero para cumplir requisitos técnicos específicos.
Conclusión
Al transformar con éxito el micelio en una suela flexible y una parte superior duradera, los investigadores han dado un paso más hacia una economía circular de la moda. Este avance sugiere que el futuro del calzado quizás no se fabrique en una fábrica, sino que se cultive en un laboratorio.














